En los castells, todo el mundo es necesario, pero nadie imprescindible. Esa es su magia: un ejemplo de la fuerza colectiva y del sentido de pertenencia.

Identidad

Las 'colles' encarnan los valores de los castells. Hoy hay más de un centenar, repartidas por todos los territorios de habla catalana. Más allá del nombre, lo que las distingue es el vestuario: cada colla tiene su color de camisa, mientras que el pañuelo a menudo es rojo.

Las hay más recientes, capaces de levantar castells más modestos (si es que se puede catalogar como modesto a un castell de seis pisos), y otras más experimentadas, que se enfrentan a las construcciones de “gama extra”, las de máxima dificultad. Algunas no llegan al centenar de miembros; otras pueden reunir a casi un millar en las grandes diadas. Todas, sin embargo, comparten una misma esencia: construir entre todos algo que nadie podría lograr por sí solo.

Hace más de doscientos años que levantamos castells. Nacidos entre el Penedès y el Camp de Tarragona, y con raíces en el País Valenciano, hoy son un movimiento extendido por toda Cataluña, del Ebro a Perpiñán.

Historia

Originarios del siglo XVIII y con raíces que se remontan aún más atrás, hoy los castells trascienden las plazas. Más allá del espectáculo, son un reflejo vivo de identidad: de pueblo, de barrio, de ciudad y de país. Cada castell que se levanta es una afirmación colectiva, una forma de decir quiénes somos y cómo somos. Un símbolo de catalanidad construido, literalmente, entre todos.

Fuerza, equilibrio, valor y seny: este es el lema casteller. Sin ninguno de estos elementos no se podría ni siquiera soñar con levantar uno.

Unión

El mundo casteller, más allá de la épica y la espectacularidad que se ve en la plaza, se sostiene sobre cientos de horas de ensayo, lejos de cualquier improvisación. Es el resultado de un trabajo minucioso sobre fuerzas, estructuras y roles, donde cada posición, cada cuerpo y cada relación —dentro y fuera del castell— tienen un porqué.

Estas construcciones se levantan en las diadas castelleras, encuentros en los que colles de todo el país se reúnen para hacer sus mejores castells. Tradicionalmente, la temporada empieza para San Juan y culmina en Santa Úrsula. Pero no se trata de una simple competición: se trata de llevar el honor de la colla y de la ciudad tan alto como sea posible.

El techo del mundo casteller está hoy en los diez pisos: construcciones que pueden superar los 10.000 kg y movilizar a cerca de un millar de castellers.

Próximas diadas castelleras

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